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Panamá

Nací en Panamá un 25 de octubre de 1979 y, por querer ser original, mi mamá me llamó Albir. Ahí va la anécdota: una amiga suya, de viaje por la India, escuchó que una mujer llamaba a su hijo por este nombre. Preguntó qué significaba y la mujer le contesto: "valiente". Algo de razón creo que tuvo la mujer; lejos o cerca, no habría llegado hasta donde estoy de no ser, entre otras cosas, por un poquito de valentía.

Volvamos a mi madre: cuando yo tenía 12 años, ya intentó enseñarme a bailar, pero a esa edad tenía la cabeza en otras cosas, como por ejemplo los videojuegos. Y así fue hasta que, a los 14 años, me invitaron a participar en una coreografía en el instituto. Dije que sí y allí comenzó mi pasión por el baile. Me gustó tanto que no podía parar de bailar y de preguntar cuándo iba a ser la próxima coreografía. A los 16 empecé a tomar clases de funky en una escuela de baile y poco a poco fui aprendiendo. Entre coreografías y coreografías, me gradué del instituto a los 18 años con el título de Bachiller en Comercio (Contabilidad).

Bachiller
Oficina

Comencé a trabajar en una oficina como contable a la vez que estudiaba en la Universidad por las tardes y ensayaba por las noches. Como te puedes imaginar, era bastante cansado. Un día de esos en que te pones a pensar un poco, tomé la decisión de dejar a un lado una de estas tres actividades, ya que el cuerpo estaba cerca de decirme “basta”. Como era de esperar, dejé la oficina. Igualmente de esperar era que mi familia pusiese el grito en el cielo; lo típico: "el baile no tiene futuro", "dedícate a otra cosa"… pero ya había tomado mi decisión. Empecé a tomar más clases aún y a bailar mucho más. Poco a poco mi familia se dio cuenta de que realmente me encantaba el baile, que me lo tomaba muy en serio, que ponía muchas ganas y energía, que prosperaba y mejoraba; confiaron en mí y me apoyaron.

A los 21 años, con la carrera de Producción de Televisión a punto de terminar y tras exhibiciones, shows, espectáculos, musicales, competiciones de danza y clases tomadas e impartidas, decidí viajar a Madrid (España), para estudiar Dirección Cinematrográfica. Emocionado, tomé el avión, preparado para una nueva aventura. Después de 3 semanas las cosas no habían salido como yo esperaba. Pensé que sería fácil recorrer este nuevo camino, pero no fue así. Solo, sin experiencia, y con la suerte volviéndome la espalda de vez en cuando, atravesé días difíciles y, en ocasiones, muy tristes; pero, gracias a mis ganas de luchar y al apoyo de los que me querían, seguí adelante. Y así continué con mis estudios y con las primeras clases de baile que me ofrecieron después de un año viviendo en Madrid. Con buenos y malos momentos, fui prosperando con mi empeño y con la ayuda de mucha gente buena.

Viaje
Sonido

Terminé la diplomatura de Dirección Cinematrográfica y ya tenía muchas clases fijas y algunos shows y espectáculos realizados. Seguía aprendiendo, seguía creciendo como persona, y seguía haciendo lo que más me gusta hacer: bailar. Comencé a interesarme por el mundo del sonido e hice estudios sobre ello, terminando un curso de Técnico de Sonido seguido de una especialización en Grabación en Estudio.

Gracias a la danza he tenido –y tengo— trabajos y experiencias maravillosas. Agradezco a Dios, a mi familia, a mis amigos, y a mis alumnos por el apoyo que me han brindado durante todo este tiempo. Sigo bailando y aprendiendo cada día, y bailaré hasta que mi cuerpo sea una "uva pasa" y los huesos me supliquen descanso.

Baile
Amanecer

Gracias a todos por su confianza y por su apoyo. Nunca se rindan y nunca dejen de perseguir sus sueños. Dejo para el final una frase que me dijo un día un buen amigo mío: "Cuando ya no puedas más, te sientas cansado, y veas todo oscuro, aguanta un poco más, justo en ese momento es cuando va a salir el sol".

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